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ALMA

Aún no te conozco, pero te siento

Te quiero pedir perdón por todos los errores que voy a cometer
Te quiero decir que no sé cómo llegamos hasta aquí
Ni se cómo es que vamos a seguir
Pero a tu lado, siempre

Quiero verte, "tenerte", y te llevo tan adentro como es posible

Tengo miedo, ansiedad, alegría, tengo tantas cosas que no puedo explicar

Quiero darte todo
Quiero enseñarte el mundo y su belleza
A cuidarlo, a nutrirte, a nunca dejar de ser parte de él
Quiero protegerte del dolor, de la angustia, de la gente mala que busca hacer daño
Quiero advertirte
Pero no deseo una esfera para tí, quiero que vivas
Que te reveles y te enojes, que sientas bronca e impotencia
Que te motive a luchar, a nunca perder la esperanza de un cambio
De un mundo mejor

Te trajimos a un lugar oscuro, pero lleno de brillo
Se que serás luz buscando luz

Quiero darte lo mejor de mí
Para que descubras sola lo mejor de tí
Saber lo que se vale es muy importante, y tú, por el sólo hecho de existir ya veles mucho
Nunca bajes los brazos, yo nunca te dejaré caer.

Los temores y traumas propios los guardaré para mí
Inevitablemente, caminando esta vida, tu adquirirás los tuyos 
No son falencias, serán tus cicatrices de guerra.
Luchar deja marcas, son el recordatorio de que no te diste por vencido.
Amalas, no reniegues de ellas, sólo lograrán enseñarte.

Estamos aquí para tí
Nunca estarás sola
Y cuando quieras estarlo, lo entenderemos
Y cuando creas que lo estás, no te olvides de estas palabras

Espero verte pronto
Espero tus manos en las mías
Espero que permanezcan así de unidas
No te pido nada
Tengo todo mi amor para tí
Todo tu ser es el amor para mí

Primero.

Hay algo, una duda existencial, una pregunta que me persigue y no suelta.
Incansable se presenta casi todas las mañanas, a veces hasta se le ocurre aparecer en alguna que otra noche, extraviada.
A penas tiene la ocasión aparece en mi cabeza. Primero de soslayo, como insegura, para después, ni bien puede, pasar a abarcar todo el espectro de mi pensamiento.
De repente, me encuentro a mí mismo fabricando hipótesis, tratando de hacerla menos ridícula, intentando encontrarle una explicación lógica.
Pero no, no hay caso, no la hay.
Nunca me animo a formulársela a nadie; no por vergüenza, o miedo a que me tilden de raro. Sino porque dudo, con toda certeza, de que alguien pueda brindarme una respuesta satisfactoria.

El mal que me aqueja es simple, y sin embargo, de una complejidad abrumadora.
Para sintetizar, la cuestión se resumiría a una premisa:
“¿De dónde salen esos extraños artilugios de peluche y flecos que invaden la mayoría de los colectivos existentes en Resistencia?”
Sí, como escuchan: ¿de dónde salen esos extraños? ¿Qué rol cumplen para la sociedad?
¿Quién los confecciona?
¿Será alguna abuela empeñada en mantener una tradición que cree urgente y necesaria?
¿Los mandaran a hacer los colectiveros o las empresas?
¿Vienen ya prefabricados?
¿Es para así lograr, de alguna manera, hacer del gigante transportador un espacio más ameno y hogareño?
¿Cómo se ponen de acuerdo?
¿Por qué, casi por ley, son siempre rojos o negros?
¿Responde a algún ritual? ¿A algo puramente idiosincrático?
No parece un tema generalizado a todos los coles, y en realidad, no le encuentro muchos parámetros.
Solamente su constante presencia, su afelpada textura. Siempre un poco polvosa, un poco melancólica; algo alegre, pero de esas alegrías tristonas.

Como mencioné anteriormente, no espero una respuesta, de antemano las considero poco viables.
Tal vez me aferro a creer que no existen, para así dejar a mis amigos peludos conservar su aire de misticismo.
Tal vez por no osar manchar, con el tiente absurdo de lo vano y cotidiano, algo que a estas alturas ya he llegado a considerar mágico.

Por el momento acepto opiniones, sepan que obviamente desconfiaré de ellas; pero aún mi obsesión no ha cerrado su puerta como para dejar de cotejar alternativas.

Mientras tanto, los saluda atentamente, su querido amigo. Observador del mundo apeluchado de los que hoy aquí nos citan.

Con amor

El Martillito Rojo.