Pachamama

Estos días así, que se te brindan tan enteros y únicos.
Hay instantes que de alguna manera, perdidos en el caos de la cotidianidad, logran destacarse y centellear entre el musgo de las horas. Y es ahí que, cuando son tan firmes y claros, su abrumadora presencia se instala en nuestras narices; haciéndonos obligatorio parar, detener las aceleradas extremidades y contemplar la aniquiladora belleza de la quietud.
Son para mí, esos momentos, la libertad.
Como cuando te despierta la lluvia, o un cambio del viento, donde se vuelve imperioso comprobar de qué materialidad está hecha el agua y el frío.
Como un cerro al amanecer, dejándote al borde de la locura. 
La naturaleza es así, anda siempre mandándonos memos, señales que nos advierten su profundidad constante. Dichos que versan que el aislamiento sólo ocurre en las mentes, que al fin y al cabo siempre somos parte de un todo que nos contiene; el cual sólo precisa de una hoja, un gato, un rayo de luz en la ventana para hacerse presente y romper, así, con todas las maldiciones de este mundo. 

Florencia Maidana

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