De amor y soledad


Envidio a los grandes escritores por poder convertir una sarta de cursilerías en las cosas más hermosas que se han podido leer o escuchar sobre la faz de la tierra. Realmente es envidia lo que les profeso. Cómo lograr que un poema de amor que se nos escapa de los dedos no suene justamente a eso? A otro poema de amor.

En lo particular no sirvo para el romanticismo, me sale soso, sin vida, sin sentimiento. Y no creo que haya cosa más absurda que una prosa romántica sin sentimiento.

Yo prefiero esto en lo que hoy nos encontramos. Esto de decirles las cosas que me suenan y no me suenan, esto de hablarles a ustedes porque la verdad (y no tengo ningún resquemor en decirlo) no tengo nadie más con quien hablar.

Tampoco es que ando sola por la vida, no me malentiendan, no soy un ermitaño que no sale de casa y vive a base de cascaras de naranja. Tengo amigos, familia y cualquier componente más que se pueda considerar necesario para llevar una vida “normal” y ajustada a la realidad. Sin embargo, simplemente no tengo con quien hablar.

Una vez alguien me dijo que si el pintor pudiera decir lo que tiene adentro con palabras, entonces no pintaría. Y eso es más o menos lo que intento expresar aquí. Si pudiera lograr que mi boca hablara lo que mi alma siente, entonces no escribiría; pero no corro esa suerte.

Y no hay que confundir señores, esto roza a veces más la maldición que la bendición. Es un talento maldito, es el arte de la soledad. Uno escribe porque se siente solo, franca y absolutamente solo.

Entonces ahora ustedes se preguntarán, cómo si empezamos hablando de amor terminamos acá. Dirán: “¿Acaso qué tiene que ver el amor con la soledad?”. Y he ahí amigos míos la cuestión, es que el amor y la soledad tienen todo que ver. 

Florencia Maidana

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