Poesía para después de un mal día

La vida me enseño a no depender de nadie
y a saber que más que el agua y la comida no hay nada indispensable.
Mi vieja me enseño lo que es el amor incondicional 
y mi abuela lo que es estar dispuesto a dar todo por otra persona.
Mis amigos me enseñaron la locura, la comunicación con miradas
y que a pesar de las distancias hay gente que se lleva siempre en el corazón.
La soledad me enseño a amarme, respetarme 
y tratar de ser todo el tiempo una mejor versión de mí misma.
Los libros y las películas me enseñaron que el ser humano tiene la capacidad de volar
y que la mente es el instrumento más poderoso sobre la faz de la tierra.
La política me enseño que el poder en las manos equivocadas sólo acarrea caos y destrucción,
pero que en las manos correctas puede verdaderamente cambiar el mundo.
La música me enseño que a veces nuestro lugar se encuentra en una canción
y que una buena melodía puede curar cualquier depresión.
El sol, la luna, el viento, el mar y las estrellas me enseñaron que la belleza literal existe
y que las cosas más bonitas y que más cerca tenemos son las que tendemos a pasar desapercibidas.
Las revoluciones me enseñaron que un ideal es capaz de unir millones de personas completamente distintas
y que no hay nada más respetable que alguien que cree y es capaz de luchar por sus sueños.
Mi hermano me enseño a no olvidar que hubo una época en la que todos eramos invencibles
y un tiempo en el cual no sabíamos lo que la palabra miedo significaba.
Las desgracias me enseñaron que lo único que no tiene arreglo es la muerte
y que la sabiduría se encuentra en todos los problemas que sepamos sublimar.

Y el mundo...el mundo me enseña día a día a saber que a pesar de las miserias, a pesar del dolor y rencor que nos rodea, a pesar de los engaños y las mentiras, a pesar de todo todavía una simple sonrisa puede hacernos completamente felices.

Florencia Maidana

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