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El ejército de los hombres simples

Después de bañarse, vestirse, salir a trabajar y pagar los impuestos; a los hombres simples no les queda más que ponerse melancólicos con la lluvia.

El hombre simple no se cuestiona, no se reinventa. Al hombre simple le preocupa si mañana el tráfico estará congestionado.
El hombre simple no siente en el pecho el dolor de miles de corazones rompiéndose en el mundo al mismo tiempo. El hombre simple se emociona porque su equipo fue al descenso.
El hombre simple no ve hambre, pobreza e injusticia. El hombre simple se deja ir en los prime-time de televisión.
El hombre simple no persigue el sentido de la vida, no indaga en sus dudas ni se obsesiona. Al hombre simple le interesa que habrá para cenar en la mesa el día de hoy.
El hombre simple no puede entender de qué tanto se quejan. El hombre simple abre facebook y opina que "le gusta".
El hombre simple no se conmueve con masacres y catástrofes; con dictaduras, violencia y rebelión. El hombre simple destaca el desempeño dramático de Mel Gibson en su última película.
El hombre simple no se enfrenta noche a noche con sus demonios, no siente cargos de conciencia ni lucha con el pasado. El hombre simple activa su alarma y duerme tranquilo.
El hombre simple no sabe de empatía y compasión. El hombre simple sólo escucha hablar de ellas en los cuentos para niños.

Entonces...¿no sería mas fácil ser un hombre simple?
Sólo restaría analizar qué estaríamos dispuestos a dejar atrás.

Florencia Maidana.

El Apocalipsis llegó hace rato...


¿A quién no se le ha cruzado alguna vez por la cabeza el Apocalipsis? La idea del fin de la humanidad y de cómo llegaríamos a ese extremo.
Hemos estado expuestos a esta fantasía desde siempre. Tanto como se vaticina que en diciembre de este año (2012) se acaba el mundo, de la misma manera se lo creía en el 2000 con el cambio de milenio.
Zombies, invasiones alienígenas, virus letales; son todas teorías que revuelan en nuestra mente por el simple hecho de que el futuro es inevitablemente incierto. Claro está que el cine no ayuda mucho en la tarea de alejar los fantasmas.
Sin embargo, y a pesar de ser una ferviente consumidora de estos universos imaginarios, no puedo evitar cada tanto hacerme las mismas preguntas: ¿Y si al Apocalipsis lo estamos viviendo aquí y ahora?, ¿Y si la destrucción es tan progresiva y lenta que escapa totalmente de los parámetros que habíamos construido para ella?, ¿Y si en realidad somos tan ciegos como para preferir la fantasía y no ser conscientes de que la muerte hace tiempo que nos viene pisando los talones?
¿O acaso las guerras, los atentados, las masacres y los ataques ambientales no nos suenan, aunque sea un poco, a sinónimos de extinción?
No hace falta crearnos muertos vivientes y bacterias come carne para asimilar el término de nuestra raza.
La lucha hoy es del hombre contra el hombre, somos nuestros propios enemigos. No va a venir milagrosamente ningún personaje ficcional a excusarnos y salvarnos de confrontar la verdad; que es que, como todos sabemos, el porvenir del planeta está en nuestras manos.
Si esto es así, y mi humilde percepción va encaminada en sentido correcto, yo elijo como objetos de supervivencia 3 simples cosas: mis puchos, un libro y un mp3 que contenga toda mi historia musical. Lo que resta es sentarse a esperar…

Florencia Maidana